viernes, 14 de diciembre de 2018



Sobre mi “arresto” de este sábado pasado.

José Gabriel Barrenechea.
Una burda maniobra de la Seguridad del Estado para desacreditarnos al premio Sájarov Guillermo Fariñas y a mí, ha sido puesta en marcha.
En primer lugar debo aclarar que no he sido arrestado después del 23-24 de septiembre, y que de hecho no se me ha molestado más desde entonces. Por el contrario, las “casuales”presenciasde agentes de la Seguridad, en los lugares públicos a que asisto habitualmente, también han desaparecido en estos casi tres meses. Lo que evidentemente no responde a que me hayan dejado en paz, sino a la manida pero aun así eficiente táctica de dejar que uno se relaje, para aprovechar el menor momento de debilidad para intentar quebrarte. Ya que la próxima vez que sea detenido la institución sí se empleará a fondo: Si en septiembre cedieron ante mi evidente determinación de llevar adelante una huelga de hambre (sí bebí agua),quizás porque entonces Díaz-Canel estaba en Nueva York, en Naciones Unidas, no sucederá así la próxima vez. Ahora esperaran a saltar sobre mí hasta tener constancia de que yo esté más “blando”, para lo cual ahora me hacen creer que vivo ya para siempre libre de ellos, que me temen y se apartan por lo que todo me es permitido...
Según me cuentan quienes sí han podido acceder a la noticia,a uno de los colaboradores de Fariñas en el exterior yo lo llamé para narrarle mi rocambolesco arresto en Santa Clara, tras salir este sábado del Café Literario. Lo que evidentemente, al menos para mí, que todavía no tengo demencia senil, es imposible.
En primer lugar no poseo teléfono. Por lo que quien llamó a Borges fue seguramente un agente provocador, que se hizo pasar por mí. Algo plenamente plausible porque Borges y yo solo hemos coincidido una vez, cuando al principio de la última huelga de hambre de Fariñas, y a petición del señor obispo de esta diócesis, intermediaba para que el líder opositor aceptase la visita del Nuncio Apostólico.Entonces, según recuerdo muy bien, Borges y yo solo nos cruzamos unas pocas palabras, ya que estuve todo el tiempo de mi visita reunido aparte con Fariñas, a quien me costó trabajo convencer por su reticencia a tratar con ciertas figuras de la jerarquía de la Iglesia. Por tanto es muy difícil que Borges pueda tener una idea clara de mi voz, lo que haría relativamente fácil la tarea de hacerle pasar seguroso por Barrenechea.
En segundo,hasta ahora la Seguridad ha evitado detenerme en Santa Clara o La Habana, y simplemente ha preferido hacerlo o en Encrucijada o en Placetas, donde vivo y es más fácil borrar las evidencias de mi arresto. Estos muchachones tienen sus procedimientos y a ellos se aferran con determinación de burócratas. Además de que de hecho los segurosos tienden a considerar que los disidentes de “otros” no son asunto “suyo” (no he oído hasta ahora de ningún seguroso Héroe del Trabajo). Para cualquier analista conocedor de la institución, por lo tanto, resultaría sospechoso ese brusco cambio de patrón de comportamiento; cuando nada parece ameritarlo.
En tercero, el sábado en cuestión y a la hora indicada yo estaba reunido con personas que por sus creencias religiosas valoran por sobre todo la verdad. El oscuro fin de esta maniobra es por lo tanto evidente: afectar mi imagen ante las mencionadas personas, con las que mantengo relaciones de amistad, y de ese modo llevarme a hacer acusaciones apresuradas contra Fariñas, lo que a su vez lo obligaría a él a ripostarme. Lo que sin lugar a dudas afectaría las respectivas campañas que ambos llevamos en paralelo para convertir al Referendo en un voto de castigo contra a el régimen: Apunta No, que desarrolla Fariñas, y #XelNO, que llevó yo con la ayuda del pastor Mario Félix Lleonart.
Desgraciadamente para los “compañeros” no soy ni de los que se anotan méritos, o arrestos, que no me tocan, y mucho menos me dejo llevar por las constantes provocaciones que los “compañeros” me hacen a través de agentes encubiertos, o de simplemente disidentes que se prestan a hacerle algunos servicios menores a la Seguridad, quizás para evitar que les impidan un viajecito ya en el aeropuerto. No creo, por ejemplo, para nada en esos subordinados que de repente abandonan el grupo de otro opositor y corren a revelarme que su antiguo jefe es coronel del G-2; muchísimo menos en ex ministeriosos arrepentidos que me traen documentos altamente secretos, fuera del acceso de cualquier comemierda. O en esa gente con las que nunca me he encontrado en la calle y el día exacto aparecen, en la puerta de una tienda, para desbarrarme de alguien en el Exilio, o hasta del mismo Fariñas. En fin, que muy tonto sería si no me hubiera olido desde que se me comentó lo sucedido las verdaderas intenciones detrás del jueguito, y a los fiñes que lo promovían.
Repito que dado el modo de actuar de la institución, para mi próximo arresto, que no parece estar muy lejos si tomamos en cuenta que ya en esta ciudad han comenzado a ejercerse presiones sobre figuras de la Iglesia para que dejen de emitir opiniones,en sus homilías y escritos, sobre la Constitución y el Referendo (tengo las barbas en remojo…), el público no debe esperar que se me mantenga desaparecido tres horitas. Ahora los segurosos van a jugarse unas cuantas cartas más, quizás todas… Por mi parte yo trataré de no quebrarme, y desde el momento en que se me detenga nuevamente no ingeriré alimentos (aunque sí líquidos, ya que mientras más dure la huelga mejor será el efecto). Espero que esta acción mía lleve a mis compatriotas a marcar con una “x” junto al monosílabo  rebelde, el NO, como lo llamó desde un inicio mi amigo Reinaldo Escobar.
Una experiencia nos deja este suceso: El enemigo es hábil, muy hábil (mal veo a los que lo subestiman), y nuestra reputación pende de un hilo. Tenemos que tener mucho cuidado con la información que llega a nuestras manos, porque entre nosotros y la realidad repta un genio maligno, el G-2, quien trata constantemente de engañarnos y enredar nuestros caminos.